El diseño de la exposición de esta experiencia inmersiva se ha concebido como un recorrido sensorial a través del cuerpo humano, transformando la divulgación científica en una vivencia emocional y participativa.
El espacio expositivo se articula como un tránsito continuo por distintos sistemas esenciales del cuerpo. Cada ambiente —corazón, pulmones, sistema óseo y piel— está diseñado para envolver al visitante mediante luz, proyecciones y arquitectura sensorial, diluyendo los límites entre cuerpo, espacio y tecnología.
El recorrido fluye de forma intuitiva, guiado por una narrativa que acompaña al visitante desde el inicio hasta el momento final de revelación.
El diseño de la experiencia se organiza en cuatro zonas principales:
Corazón: Un espacio que representa el pulso vital y el flujo constante de la vida.
Pulmones: Un ambiente que explora la respiración, el intercambio y la energía.
Sistema óseo: Una zona que pone en valor la estructura, el soporte y la memoria del cuerpo.
Piel: El límite entre el interior y el exterior, donde el cuerpo se relaciona con el entorno.
Cada zona ofrece una experiencia única, reforzando la sensación de inmersión y conexión con el propio cuerpo.
INTRA integra tecnología de reconocimiento facial que permite proyectar símbolos abstractos directamente sobre el cuerpo del visitante. A lo largo del recorrido, estas proyecciones reaccionan a cada espacio y culminan con la revelación de una identidad celular única —glóbulos rojos, glóbulos blancos, células madre o plaquetas— al finalizar la experiencia.
En resumen, INTRA propone una nueva forma de aprender y sentir el cuerpo humano, convirtiendo al visitante en parte activa de un sistema vivo a través del diseño, la tecnología y la emoción.
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